domingo 15 de marzo de 2009

Celebración en Trujillo

Veo en la foto muchas caras conocidas, pero los nombres no los recuerdo por la falta de frecuencia.Sin embargo distingo a : Javier Tucto, José Mendoza y Sra. Carlos Horna y Sra.Maruja Tafur, en primer plano. Salirrosas, esposa de Carlos Borrego. Hay alrededor de 70 personas, pero a algunas a las justas se les ve la cabecita.Las caras no está completas y otras han cambiado un poco, claro han pasado, así como jugando, 46 añitos.

Afectuosamente.

Carlos Linares Gálvez

lunes 1 de septiembre de 2008

FERNANDO ROJAS MOREY



Nació en Cajamarca - Perú, el 26 de mayo de 1934, Hijo de Arturo Rojas Díaz y Antonieta Morey. Su primaria la estudió en Huanuco y la secundaria en el San Juan De Trujillo.

Cursó sus estudios superiores en los Seminarios de “San Carlos y San Marcelo” de Trujillo y “Santo Toribio de Mogrovejo” de Lima; recibió la consagración sacerdotal el 20 de Diciembre de 1958 de manos de Mons. José Dammert Bellido.

Sus cuatro primeros años de vida sacerdotal los pasó en Santiago de Chuco y fue nombrado Párroco de Chepén el 12 de marzo de 1963.

Años 60 y 70

Su labor apostólica en Chepén la ha realizado dando énfasis a la acción evangelizadora, al trabajo social, la renovación del culto, la catequesis y el impulso al apostolado seglar.

Termina la reconstrucción del Templo de San Sebastián. Su propuesta del nuevo edificio crea polémica por lo moderno y muy opuesto al anterior templo. Sin embargo pronto se convierte en la principal referencia de modernidad en la ciudad de Chepén.

Se inicia el trabajo social a favor de los más necesitados: construcción de casas comunales en los barrios marginales, comedores populares, guarderías parroquiales.

El Padre Fernando se desempeña como profesor de la Gran Unidad Escolar Carlos Gutiérrez Noriega.

Años 80

Para buscar la cooperación al desarrollo de los pueblos del Valle Jequetepeque crea la ONG Centro de Estudios Sociales y Desarrollo Rural “CESDER”.

La parroquia establece el Consultorio Medico, Radio San Sebastián y la Imprenta San Sebastián.

Crea las primeras guarderías infantiles, El Colegio Parroquial, La Casa de la Cultura.

La Iglesia de Chepén promueve la creación de La Cooperativa de Trabajadores Tiahantisuyo.

Años 90

En los años 90 destaca su participación activa en la creación del Instituto Técnico San Juan Bosco y la Universidad Privada Juan XXIII. Es una apuesta arriesgada y esperanzada para la formación profesional de los jóvenes del Valle Jequetepeque.

La universidad pronto encuentra enemigos políticos y económicos que hacen que este caro anhelo termine pronto después de 6 años de funcionamiento.

En el ámbito diocesano se desempeñó como Secretario General Ejecutivo del Segundo Sínodo Arquidiocesano de Trujillo.

Promueve la creación de de la Defensoría Parroquial Lestonnac, institución de defensa y promoción de los derechos de niños y mujeres.

Desde octubre de 1999 hasta junio del 2000, se desempeñó como Vicario General de la Arquidiócesis, manteniendo su oficio de párroco, en la administración de Mons. Miguel Cabrejos Vidarte O.F.M., nuevo Arzobispo.

Años 2000

Mejora de las infraestructuras de la Casa Comunal, Casa Villa Leticia y el establecimiento de un centro ocupacional para adolescentes trabajadores.

El 19 de marzo 2008, en ceremonia realizada en la catedral de Trujillo, recibió el grado de Canónigo del cabildo Metropolitano del Arzobispado de Trujillo.

Fernando Rojas Morey

El Padre Rojas es un sacerdote admirado y querido. Es considerado como uno de los sacerdotes más destacados del norte del Perú.

Dentro de sus muchas amistades destaca la del Obispo José Dammert Bellido, José Ignacio Alemany Grau, Gustavo Gutiérrez, Luis Rebaza Neyra, Mons. Andrés Aníbal Berríos Piedra, al padre Fernando Bonnín Aguiló, al Sr. Ernesto Eichenlaub, al padre Álois Eichenlaub, al padre Carlos Vallés, al padre Marcos Degen, a los padres redentoristas, a los padres claretianos, al Mons. Manuel Prado Pérez Rosas, al padre Paco Muguiro, al padre Pedro de Guchteneere, a Mons. Jesús Calderón y los padres dominicos entre muchos otros del Perú y el extranjero.

En lo netamente humano, el Padre Fernando es amante de la música, del deporte, de la lectura y el estudio. Es caritativo y bondadoso. Destaca su acompañamientos a cientos de jóvenes que pasan por su parroquia, muchos de ellos son profesionales destacados.

Son varias las promociones de alumnos de colegios e institutos educativos de Chepén que lleva su nombre como testimonio de reconocimiento y gratitud.

Años de persecución

Dos han sido los periodos que el Párroco de Chepén ha soportado una injusta persecución y acoso por parte de intereses políticos y económicos. La primera fue en los años 80 por su labor social con los campesinos sin tierra, fue acusado como instigador de desorden y subversión. La Policía Nacional abrió una marcada investigación y dentro de la jerarquía de la iglesia fue visto con desconfianza.

El poder político y algún poderoso terrateniente del Valle Jequetepeque orquestaron una campaña de desprestigio y derribo. Recibió multitud de ofensa y acusaciones por algunas emisoras de radio y periódicos de Chepén y Trujillo. El extremo fue el atentado terrorista, con artefactos explosivos, que sufrió la Casa Parroquial. La investigación apuntó que fue perpetuada por un grupo paramilitar.

Sin embargo el Padre Fernando, jamas se rindió al miedo y a la inercia. Reforzó su trabajo pastoral y social. Denunciaba a viva voz la injusticia y la violencia que vivía el Perú.

A finales de los 90 e inicios del 2000, el Padre Fernando recibió otra vez una dura campaña contra su persona y su trabajo como principal promotor de la Universidad Privada Juan XXIII. Políticos y dueños de universidades del norte del Perú hicieron todo lo posible para desprestigiar a esta casa de estudios. Los enemigos de la Universidad se confabularon para restarle credibilidad ante el organismo superior de las universidades del Perú, y se promovió una cruel campaña de ataque personal contra el Padre Fernando por parte de varios políticos y varios locutores de radio en Chepén.

En el año 2001 fue retirada la resolución de funcionamiento de la Universidad. La promotora mantiene una apelación en las instancias judiciales y académicas.

Sus publicaciones

Ha escrito los libros: Caminando con mi Pueblo, Caminos y Esperanza (poemario), Los Discípulos de Jesús, Perfiles (poemario).

BODAS DE ORO

50 años de ilusión, trabajo y sacrificio es la vida de Fernando Rojas Morey, Chepén lo celebra y agradece. Hoy vemos a nuestro párroco con ganas de recorrer mas camino, con varios proyectos por hacer, contagiando sueños y esperanzas. FELICIDADES

Caminando con mi pueblo


Las cualidades de Fernando desde joven ha sido la sencillez, la reflexión, la franqueza, el interés por aprender cómo renovar la pastoral, dentro de la auténtica tradición eclesial, la constancia para proseguir tareas, lo que permitió iluminar sus labores al percibir las verdades del Concilio Vaticano II, y llegar con serenidad incompresiones, malentendidos y contradicciones; modestamente y sin alardes.

Describe “Caminando con mi Pueblo por las Rutas del Concilio” la visión teológica que fomentó su acción pastoral en los años de Párroco en San Sebastián de Chepén.

Ha sido un desarrollo realizado desde una iglesia urbana, pequeña en sus comienzos con crecimiento constante por las migraciones andinas y un vasto territorio de haciendas, transformadas en cooperativas, y minifundios, hasta la actual situación que no concluye de aumentar.

Atender a fieles de diversas formas de religiosidad; suplir deficiencias estatales para hallar trabajo, formar comunidades en los asentamientos, crear institutos para la formación de la juventud e incluso una Universidad que corresponda a las necesidades de la zona y no un mero eco de las existentes.

Constató la urgencia de tener laicos que compartieran labores apostólicas, con incasable actividad dedicada a la formación mediante reuniones de estudio, charlas, dirección espiritual, cursillos, revisión de lo hecho, señalar nuevas líneas y pautas. En ese despliegue cotidiano se admira la resistencia física y espiritual, y la laboriosidad. Pudiendo escribir artículos, estar al día en los avances teológicos y sociales y brotar de su pluma delicada poesía.

Acompañé a Fernando desde los últimos años de sus estudios teológicos en Lima, donde tuve la gracia de conferirle el Orden Sacerdotal, una sólida amistad con vistas recíprocas suyas a Cajamarca y mías a Chepén, de modo que puedo atestiguar que el contenido de este libro corresponde al pensamiento inspirador de sus apostolado parroquial y universitario.

Lima, 1998

José Dammert Bellido
Obispo Emérito de Cajamarca.
(Presentación del libro Caminando con mi Pueblo)
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GRACIAS PADRE FERNANDO


P. Walter Malca Rodas; C.Ss.R.

Existen vidas que transforman vidas. Eso es lo que a mí, precisamente, me sucedió. Siento que mi vida ha sido transformada por el ejemplo de un hombre, cuya amistad llenó de luz mi existencia: se trata, nada más y nada menos, que del P. Fernando Rojas Morey, a quien estoy profundamente agradecido.

Todo empezó cuando yo estaba cursando el cuarto o quinto año de secundaria en Pacanguilla, un caserío de la Provincia de Chepén. Por aquel entonces yo estaba atravesando una fuerte crisis de fe, dado que, por la influencia de amigos ateos, yo empecé a dudar de la existencia de Dios. En aquel entonces tenía ganas de terminar con mi existencia, pues sentía que la vida sin Dios no tiene sentido. En esas circunstancias me conocí con el P. Fernando Rojas y su testimonio de vida transformó mi existencia.

A este hombre, a pesar de su avanzada edad, a menudo lo veía cercano a los jóvenes. A pesar de su apretada agenda diaria siempre encontraba espacios para estar con nosotros, para conversar, para escucharnos o simplemente para hacer presencia. Todos los domingos, después de misa, íbamos a la casa comunal para jugar o nadar en la piscina. Poco a poco me fui acercando más a él y, como se dice, me convertí en uno de sus “engreídos”, pues me acogía con mucho cariño en su casa y me dio una extraordinaria confianza: con libertad ingresa a su estudio, a su habitación, cogía sus libros para leer, prendía la tele, rebuscaba en su armario para ver sus fotos, etc. La verdad que me sentía como si fuera su hijo.

El P. Fernando, a pesar de sus problemas, a menudo se le veía alegre e irradiaba mucha paz. En una oportunidad yo me pregunté: ¿Por qué este hombre es feliz y yo, siendo tan joven, era tan infeliz? Después de una profunda reflexión concluí que él era feliz porque tenía Dios en su corazón. Entonces me surgió la chispa vocacional y le dije: “Padre, quiero ser sacerdote como tú”. Él sin titubeos, me dijo que no. Yo pienso que me hizo esta negativa para comprobar si de verdad yo tenía vocación. Al final se convenció que mi vocación era auténtica y me presentó a Mons. Manuel Prado, Obispo de Trujillo. Con este prelado estuve conversando cerca de tres a cuatro meses. Al finalizar el año el año 2002 el obispo me dijo: “Walter, creo que tienes vocación pero debes esperarte un año más, pues los jóvenes que van a ingresar este año tienen uno o dos años de acompañamiento”. Esta negativa me entristeció, pues yo había decidido dejar los estudios superiores para ingresar al seminario.

Retorné a Chepén. El P. Fernando, que siempre es un buen observador, me preguntó: “Qué te pasa”. Yo le comuniqué lo que me había dicho el Obispo de Trujillo. Fernando me dijo: “No te preocupes. Aquí hay dos padres Redentoristas. ¿No quisieras ir con ellos?”. “Bueno”, asentí. Entonces me presentó al P. Francisco Rodríguez y al P. Juan Ruiz. Ellos me entrevistaron y así ingresé al seminario redentorista.

En mi proceso de formación he pasado por muchas crisis. Cuando me encontraba en estas dificultades siempre meditaba en el ejemplo del P. Fernando y esto me ayuda a reponerme. Recuerdo que en una oportunidad estaba meditando en el tema de la amistad con Jesús. Aquí me di cuenta que si tal era la amistad y la confianza que tenía con el P. Fernando, ¿cuánto más no debería ser la confianza con Cristo, mi mejor amigo? Como podemos ver aquí, la amistad de este hombre de Dios me ayudó a descubrir la grandeza de la amistad con Cristo.

Fernando siempre me ha apoyado en mi vocación Redentorista. En una oportunidad en mi Congregación, aquí en Perú, estábamos atravesando una fuerte crisis. Yo tenía ganas de salir del seminario para ingresar la clero diocesáno. En ese entonces el P. Fernando era Vicario general de la arquidiócesis de Trujillo. Le hablé de mi intención. Me dijo que él estaba dispuesto a apoyarme si yo decidía ingresar al seminario diocesano, pero que, primero, evalúe bien si esa era mi vocación, de lo contrario que permanezca en mi congregación, pues es una hermosa familia religiosa. Reflexioné en las sabias palabras de mi amigo. A final me di cuenta que él tenía razón. Gracias a su consejo se sabio salvó mi vocación redentorista.

En el año 2002 me ordené sacerdote. Desde aquella fecha he ejercido mi ministerio sacerdotal con fervor y entusiasmo. En mi vida personal y sacerdotal he tenido muchos logros laborales, pastorales, profesionales e incluso literarios. Todos estos éxitos, pienso que, de una u otra manera, los debo al P. Fernando, a quien le guardo un profundo respecto, una gran admiración y una inmensa gratitud.

Por tal razón, en esta oportunidad, quiero decirle a mi querido: “GRACIAS P. FERNANDO POR TODO LO QUE HAS HECHO POR MÍ. Dios pague con creces tu generosidad”.